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La historia y el romance han fascinado a Bonnie Vanak desde niña. Cuando tenía diez años y estaba limpiando un armario, encontró unas cuantas novelas románticas de su madre, así que dejo de limpiar y se sentó a leer, adentrándose en un mundo de tierras exóticas, períodos de tiempo turbulentos y relaciones apasionadas.
Comenzó su carrera como escritora con cuentos en los que la protagonista era Kissy, su pez. Los críticos de la Escuela Elemental de Shongum, Nueva Jersey, hicieron entusiastas comentarios de estos “mamotetros”, tales como “Tu escritura ha mejorado”. Y, aunque nunca estuvieron entre la lista de libros más vendidos del New York Times, estos relatos cortos ocuparon un lugar predilecto en la abarrotada puerta de la nevera de su madre.
A pesar de que le gustaba escribir este tipo de historias, dejó a un lado su sueño de convertirse en una escritora publicada para labrarse una carrera dentro del periodismo. Se graduó en la Facultad de Periodismo de la Universidad de Florida e informó de temas tan diversos como la moda en las galas de Palm Beach o sobre las condiciones de vida en el corredor de la muerte en Jamaica. Viajó a países como Haití y Nicaragua, entre otros, para escribir sobre el hambre, las enfermedades y otros asuntos que afectan a los más desfavorecidos.
Cuando los esfuerzos emocionales de su trabajo hicieron que necesitara un escape, volvió a su sueño de la infancia sobre escribir novelas románticas.
Bonnie ha recibido numerosos premios tanto por su trabajo de ficción como el de no-ficción, entre los que se incluye un “Writer´s Digest Award".
Fan de los caimanes locales, Bonnie vive en Deerfield Beach, Florida, con su marido Frank y dos traviesos perros que devoran las novelas románticas en un sentido distinto al que lo hace su dueña.
Mi recuerdo favorito de la infancia, según dice la propia Vanak, se remonta a cuando encontré las novelas románticas de mi madre mientras limpiaba el armario del vestíbulo. Pensaba que podía escondérmelas. ¡Ja! No hace falta decir, que el armario se quedó sin limpiar. Me quedé allí sentada leyendo en medio del vestíbulo.
Mi primer romance fue “Crow Hollow” de Dorothy Eden. Me enganché a lo gótico. Mamá y yo acostumbrábamos a intercambiar libros todo el tiempo. Ella me acusaba de no haberle devuelto alguno y yo le decía: “No, no, sé que lo tienes tú. Busca mejor”. Sin embargo los libros terminaban apareciendo en mi estantería. Por supuesto nunca se lo decía porque los volvía a releer. Por esta razón mis estanterías siempre están llenas de polvo. Nunca las limpio y es que basta con que tome un libro para que vuelva a leerlo.
Algunas de las autoras que leí aparte de Eden, fueron Victoria Holt y Mary Stewart, por nombrar algunas.
Dos años después de que mi madre muriera de cáncer, comencé a escribir novelas románticas como una forma de escape. Durante el día me mantenía ocupada como reportera para una gran organización benéfica internacional. Escribir romances proporciona un saludable equilibrio después del terrible sufrimiento del que he sido testigo. |