“Las historias que se desarrollan de forma apresurada deberían estar prohibidas” dice la autora de betsellers Elizabeth Elliott.
Aclamada como un nuevo y portentoso talento del género al publicar su primera novela, la escritora ha asegurado que “no dejaría de escribir por nada del mundo”.
Desde su debut, esta autora sólo ha publicado “Scoundrel”, una intensa historia que se desarrolla durante la Regencia, y una secuela de “The Warlord”, “Betrothed”.
Elizabeth empezó a escribir después de años de dedicación a la medicina y la informática porque no podía encontrar la suficiente cantidad de libros que leer, según ella misma dice. Sus gustos son bastante dispares –entre sus favoritos están ”Perfect” de Judith McNaught, “The American Sweet Liar” de Jude Deveraux, la serie de viajes en el tiempo de Diana Gabaldon, y de la Regencia “Lion’s Lady” de Julie Garwood y “La Novia de Sherbrooke” de Catherine Coulter.
“Si bien empecé a escribir por leer algo nuevo, acabé disfrutando del proceso, así que decidí convertirlo en mi profesión, y es la profesión más divertida, desafiante y gratificante que os podáis imaginar”.
Y lo cierto es que, después de ver el método de trabajo que sigue Elizabeth al escribir sus novelas, uno se pregunta como es posible que lo encuentre divertido. Y es que, en vez de programarse unas horas diarias para dedicarlas a la escritura, ella se sumerge completamente en el proyecto.
“Cuando empiezo una historia me pongo a escribir a las seis de la mañana” dice, “hago una pausa alrededor de las seis de la tarde para estar con la familia, y no retomo el trabajo hasta las diez de la noche, y sigo... hasta que la cabeza acaba golpeando el teclado debido al sueño. Mantengo este ritmo durante tres o cuatro días, después duermo durante casi un día entero, y dedico dos días a leerme las escenas escritas y revisarlas. El siguiente día lo dedico a todas aquellas cosas cotidianas que no tienen nada que ver con la escritura. No tengo un aspecto demasiado agradable después de un par de meses trabajando a este ritmo, pero es el método que mejor me funciona a la hora de escribir”.
El trabajo de Elizabeth requiere una intensa investigación, con lo que su tiempo de lectura se ha reducido drásticamente. Y, si bien admite que la historia real es fascinante, agrega, “necesito toda mi fuerza de voluntad para no ponerme a leer los libros que tengo y dejarlos hasta después de la fecha tope de entrega de mi trabajo”.
Con el tiempo y al ir teniendo más experiencia, ha descubierto que cada vez puede hacerlo con más rapidez. Dedicó tres años a escribir “The Warlord” mientras que “Scoundrel” lo hizo en poco más de un año, y su último libro le ha llevado unos diez meses para terminarlo.
Las caracterizaciones fuertes de sus personajes son el sello distintivo de esta autora. Dice que sus historias empiezan como la escena de una película, esta vista incompleta forma el punto de partida, le añade los detalles, las características físicas de los personajes y los trasfondos. Y, mientras tanto, intenta esbozar una línea argumental por adelantado de por donde irá el libro. Cuando acaba de completar el esbozo de un modo general, ve que se ha dirigido en sentido totalmente opuesto de lo que pretendía en un principio. Son los personajes de su historia los que deciden que camino toman, cobrando vida propia.
Elizabeth prefiere no hablar sobre su vida privada, pero ofreció unos cuantos detalles acerca de sus antecedentes para The Romance Reader.
Hace unos años ella y su marido se trasladaron desde Miniápolis a una región rural al lado de un lago, lejos del enloquecedor gentío. Se conocieron cuando ella todavía era una adolescente, y Elizabeth afirma que fue un caso de amor a primera vista. Son completamente opuestos en caracteres y gustos. Hace poco, sus padres, al jubilarse, decidieron instalarse en la misma zona que ellos, una casita al lado que hace que sus hijos tengan el cariño diario de sus abuelos.
Sólo añadir a este extracto del artículo que encontré en The Romance Reader, que estoy deseando que publique una nueva novela, con The Warlord me conquistó totalmente, sus protagonistas realmente tienen vida propia, haciéndote disfrutar de las escenas como ningún libro ha conseguido desde hace tiempo. Si tuviera que compararla a alguien sería con Julie Garwood por su forma de escribir, pero sus libros ofrecen mucho más que los de esta autora, te sumerge literalmente en la Historia, sin datos demasiado pesados de digerir, hace que comprendas el momento exacto de la historia donde se está desarrollando el libro.
Y logra que comprendas el proceso de los personajes, su desarrollo emocional, sus sentimientos, sus anhelos, hay escenas que tocan de una forma increíble la fibra emocional. Para mi Tess y Kenric, los personajes de “The Warlord”, siguen vivos en mi memoria, desarrollándose, creciendo, y eso es algo que pocas autoras consiguen.