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Crónica Presentación

 

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Crónica de la presentación de Indias Blancas, la vuelta del Ranquel. Escrita por Florencia Bonelli

(8 de octubre de 2005, librería Cúspide de Galerías Pacífico, Buenos Aires, Argentina)

Para quienes no son afectos al género de la novela romántica, cuando nos ven a todas juntas festejando el lanzamiento de un nuevo libro, se quedan sin palabras, atónitos. Porque la pasión que despierta este género y que ninguna tiene interés en ocultar no se encuentra fácilmente en otros nichos del mercado literario y simplemente sorprende.

Al rememorar la presentación de Indias Blancas – La vuelta del ranquel del pasado 8 de octubre lo primero que acude a mi mente es que se vivió como una fiesta en un ambiente de amistad y camaradería, donde las lectoras concurrieron para disfrutar de un triunfo. En poco tiempo la presentación se convirtió en una conversación de viejas amigas.

Al llegar a la librería Cúspide de Galerías Pacífico cerca de las 18 hs. (hora de la cita), Annamaría Muchnik (jefa de Prensa de la editorial Sudamericana) y Paula Viale (mi editora) me informaron que ya no quedaban sillas vacías, lo cual me provocó una sensación de alarma porque creí que no sería capaz de enfrentar a un auditorio para el cual no me sentía ni remotamente preparada; después de todo, y a pesar de haber publicado ya tres libros, ésa era mi primera presentación. Al llegar el momento de acercarnos al salón y tomar asiento en un improvisado estrado junto a Annamaría y a Paula, fue la calidez con que me miraban y me saludaban las lectoras la que me permitió relajarme y disfrutar.

Annamaría Muchnik habló en primer lugar para dar la bienvenida y para recordar el evento de firma de ejemplares de Indias Blancas del pasado 18 de junio. Confesó que en aquella oportunidad la había pasmado la numerosa concurrencia y el entusiasmo mostrado por las lectoras que asistieron. Desde el punto de vista de la editorial, ese evento marcó un antes y un después en cuanto al modo de considerar al género romántico que, admitieron, habían soslayado. Luego habló Paula Viale, que referenció algunos datos de mi biografía y destacó de mis novelas la esmerada investigación histórica.

Enseguida comenzaron las preguntas. Annamaría preguntó acerca de las lecturas de mi niñez y yo recordé libros como Jane Eyre, Orgullo y Prejuicio, Sensatez y Sentimiento, y por fin El árabe, cuya influencia me marcó tan profundamente que a partir de él me dediqué a escribir. No es casualidad que mi primer libro, aún inédito, Lo que dicen tus ojos, se trate del romance de una joven argentina y de un príncipe de la dinastía de los Al-Saud durante la década del 60. A la mención de este libro, las lectoras más fervientes comenzaron a presionar a la editora para que se publicara. Veremos qué sucede con respecto a esto. Como les dije aquel día, amarán a Kamal Al-Saud con todo su corazón. También me solicitaron que escribiera la continuación de Marlene, idea que estoy meditando seriamente porque no es la primera vez que me lo piden. Es evidente que algo quedó sin atar.

Continuaron las preguntas por parte de Annamaría y de Paula a las que se sucedieron las de las lectoras. Recuerdo de las primeras: una señora me preguntó cómo hacía para escribir en un tono tan acertado para la época, tan “campero” dijo. Supongo que se trata de mi predilección por los libros escritos durante el siglo XIX los que, evidentemente, me proporcionan ese vocabulario y modismos tan propios de ese siglo. Me doy cuenta de que hablo como escribo, sorprendiendo a la gente que me rodea y que está bien plantada en este siglo XXI.

Otra de las preguntas dio pie para hablar de la relación entre los hombres y el género romántico: yo comenté que varios hombres me habían enviado mails, pero que ellos destacaban casi exclusivamente la riqueza histórica del libro y no prestaban mayor atención a la relación amorosa de los protagonistas. Aunque debo destacar que uno de los lectores me dijo que el personaje de Nahueltruz le resultaba fascinante y aclaró de inmediato: “Y eso que soy bien machito, ¿eh?”. Finalmente acordamos que los hombres deberían leer los libros románticos como una especie de “autoayuda” para saber aquello que nos gusta y emociona a las mujeres.
El proceso creativo tuvo su lugar en el diálogo con las lectoras y les conté mi experiencia: primero se plantea el conflicto y luego, en función del mismo, diseño los personajes, para los cuales nunca me inspiro en personas que conozco sino que son pura invención. Incluso después de definido el nudo de la historia busco la mejor época histórica para ambientarlo, época que finalmente, de un modo u otro, termina siempre influenciando al conflicto mismo.
La creación de una historia es un proceso tan caótico e iterativo que resulta difícil marcar cómo comienza o por qué, aunque siempre existe “algo” que me mueve en dirección al rumbo que finalmente tomo, una imagen, una frase, un relato o simplemente mi imaginación. Es un proceso tan rico y a veces tan extenso que requiere de permanentes anotaciones en medios seguros para no perder una sola idea.

Luego de las preguntas, Annamaría anunció que yo firmaría ejemplares. Es el momento que más disfruto porque es cuando más cerca me siento de mis lectoras. Esto me permite relacionarme con ellas de manera más personalizada e intercambiar ideas y conocer sus pareceres y deseos, que yo valoro profundamente.

lectoras

La firma de ejemplares se extendió por bastante tiempo y firmé muchos libros. Algunas lectoras me traían también Bodas de Odio y Marlene, lo que me ponía muy feliz.
Nunca voy a olvidar esta presentación, no sólo por ser la primera sino porque el amor y la alegría reinaron como soberanos desde que comenzó e incluso después que terminó, porque aún recibo e-mails de mis lectoras contándome lo bien que la pasaron.