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Jezz Burning
 
 
 
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CAPITULO 1

- Por fin el Reparador ha sido inventado.

- Eso es una buena noticia.

- Desde luego.

- ¿Se sabe ya donde encontrarlo?

- Por supuesto. Te he preparado el transporte para que llegues a una zona sin riesgos.

- De acuerdo. ¿Cuándo está previsto el viaje?

- Consúltalo con Jack, el te indicará el día y la hora concreta.

- Bien. Gracias Mike.

- Buena suerte Rachel.

La zona de investigación era un hervidero de operarios trabajando sin descanso. Sorteé piezas y cuerpos tirados en el suelo, reparando los bajos de algún Transportador averiado, y conseguí llegar a la salida. Asomé la cabeza por una de las aperturas ovales del pasillo, compuesto por un televisor que hacía el efecto de estar mirando por una verdadera ventana al exterior, con intención de ver si el tiempo había mejorado. Nada. No había habido suerte. El monitor señalaba que el cielo, seguía totalmente despejado y el sol caía de plano, abrasando lentamente cualquier forma de vida.

Mis recuerdos me asaltaron en aquel momento con imágenes de tiempos pasados en los que era niña y disfrutaba del sol, el campo, las flores, todo era maravilloso entonces.

Nadie hubiera pensado que la prepotencia de unos pocos nos llevaría al estado en que nos encontrábamos. La Tierra había perdido sus capas atmosféricas que la protegían de los rayos solares casi por completo. Así, observé con pesar, un paisaje yermo y árido en el que ya no crecía absolutamente nada. El sol, y las lluvias torrenciales que recibíamos de vez en cuando, no dejaban oportunidad a que la vida se abriera paso, obligándonos a vivir en grandes y espaciosos túneles excavados a tal efecto. Sólo teníamos, como único recurso, los inmensos y cada vez más numerosos invernaderos de plantas y criaderos de animales, construidos para nuestro abastecimiento.

- ¡Rachel! Te estaba buscando.

- ¿Sí? No puedo creerlo –dije con sorna.

- Veo que todavía estás resentida.

- Resentida no es la palabra que mejor define como me siento –dije fulminándole con la mirada.

- ¡Oh! Vamos Rachel, no es para tanto –dijo Steve quitándole hierro al asunto- no puedes estar evitándome continuamente

- ¿Qué no? Mírame –añadí mientras le sorteaba y seguía mi camino.

Aquel despreciable desecho humano me tomaba por idiota y... sinceramente, no me gustaba la gente hipócrita y mentirosa que te regalaban lisonjas para llevarte a la cama y después te los encontrabas enrollados con una cualquiera. Por lo visto, Steve no se daba por aludido y volvió a la carga.

- Rachel por favor, por lo menos podías dejar que me explicara –continuó, mientras me alcanzaba.

- No tienes porqué darme explicaciones –respondí, sin dejar de caminar- como muy bien dijiste a aquella zorra nuestra relación no es nada seria –este último apunte hizo que Steve parara en seco.

- ¿Escuchaste eso? No quería decir que... No puedo dejar que te marches pesando... ¡Rachel lo nuestro sí va en serio!

- ¡Ja! ¡Steve vete a la mierda! –exclamé sin volver la cabeza.

La cara de Steve fue todo un poema, sin duda debió ser un duro golpe para su ego personal que alguien como yo, le dijera algo así. Era muy atractivo y estaba demasiado acostumbrado a que las mujeres cayeran a sus pies a las primeras de cambio. Eso le enseñaría a entender que no todas éramos iguales.

Sin darle más vueltas al asunto, me dirigí rápidamente hacia el despacho de mi superior. Miré el reloj, Jack debía estar esperándome para ultimar los detalles de mi viaje.

Escondida tras varios montones de innumerables documentos, estaba Wendy, su secretaria. Siempre me he preguntado como aquella personita tan tímida y apocada, que daba la impresión de que se rompería en cualquier momento, podía realizar un trabajo tan sumamente pesado. Aquel pequeño cuerpo sin duda contenía una gran dosis de vitalidad y de sentido del esfuerzo que siempre conseguía sorprenderme.

- Buenos días Wendy.

- Buenos días Srta. Queen.

- Supongo que Jack me está esperando. ¿Cómo tiene el día hoy?

- Algo torcido, ya sabe –dijo haciendo un mohín- Lunes.

Me encogí de hombros. A Wendy le pareció algo cómico porque soltó una pequeña sonrisilla de complicidad que me hizo mucha gracia y enseguida volvió sumergir su cabecita entre los documentos apilados en la mesa. Abrí la puerta de acero y entré en el despacho de mi jefe. Aquel despacho tenía la misma apariencia que había tenido durante los diez años que llevaba trabajando para él. No podía decirse que Jack fuera una persona desordenada, siempre que buscaba algo lo encontraba, pero el sentido del orden que él tenía era bastante peculiar. Para una persona que no le conociera pensaría que entraba en una habitación por donde había pasado un tornado, pero según Jack, todos aquellos papeles desperdigados por armarios, estanterías, mesas e incluso el suelo, guardaban un orden que sólo él entendía.

- Buenos días Jack.

- ¡Ah! Hola Rachel, toma asiento por favor.

- Gracias –dije tratando de decidir donde lo haría sin alterar demasiado el collage de documentos esparcidos –He ido a ver a Mike y ya tiene el Transportador preparado para partir.

- Lo sé, yo mismo impartí las ordenes para que le dieran máxima prioridad, no podemos permitirnos esperar a que el Reparador sea utilizado por quienes lo han inventado.

- ¿De qué hablas?

-  Verás –dijo colocándose las gafas y tomando unos de aquellos papeles- el informe dice que el Reparador ha sido inventado con fines... digamos no muy legales. Sabes que ese aparato hace que se produzcan gran cantidad de gases por lo que también es altamente explosivo. Para aquellos que lo codician puede ser como volver ha inventar la bomba de neutrones.

-  Entiendo –dije.

-  Por eso es imprescindible que te hagas con él lo más rápidamente posible. El científico que lo ha diseñado es un hombre muy mayor. Lo han sometido a una gran presión, está muy delicado y creemos que morirá a corto plazo, pero no sabemos exactamente en qué momento, ya que el uso de ese artefacto hará estragos en su futuro y no tenemos más datos.

-  ¿Cuándo puedo partir?

-  Cuando estés preparada, depende básicamente de ti. Lo demás ya está todo listo. Tan sólo debes hacerme saber cuanto tiempo necesitas y todo quedará concretado.

-  Dame una hora.

-  De acuerdo, te esperaré en la sala de transporte dentro de sesenta minutos.

Mi cueva, como yo la llamaba estaba cerca del Centro de control, sólo me llevó diez minutos cruzar a pie la distancia hasta ella. No tenía a nadie de quién despedirme pero debido a la peligrosidad de mi trabajo había adquirido la costumbre de ir a mi casa antes de la partida para poder hacer una especie de foto mental de mi hogar que me acompañara durante los viajes. Me daba algo de seguridad y anhelo de volver a casa y me ayudaba a realizar el encargo lo más rápidamente posible.

No me gustaba el futuro, odiaba de todo corazón el extremo hasta el que habíamos llegado en la lucha por conquistarlo todo. La sed de poder del ser humano, no conocía límites y nos habíamos convertidos en depredadores de todo lo que tenía algún tipo de valor, ya fuera; comercial, económico o simplemente material.

Tomé una ducha rápida, me encantaba relajarme bajo el agua caliente y ¿quién sabía cuando volvería a poder disfrutar de un buen baño?. Ya había preparado el traje especial que utilizaban todos los integrantes de la brigada Futurcop. Estaba confeccionado con un material que asemejaba la piel curtida pero que en realidad estaba creada químicamente. No era piel animal, era un tejido increíblemente resistente que nos protegía desde el cuello hasta los tobillos.

Sentándome sobre la cama me calcé las botas. De uno de los cajones de debajo de mi cama saqué una pequeña mochila donde guardaba mis armas. Ya estaba preparada. Fui hacia la puerta y volviendo la cabeza me despedí silenciosamente de lo que hasta aquel momento llamaba casa.

 

CAPITULO 2

La sala de transporte estaba desacostumbradamente concurrida. Normalmente sólo se veían un par de operarios por Futurcop en aquella sala pero debido a la importancia del viaje que realizaría en aquel momento parecía que iba a dar comienzo algún tipo de fiesta de recepción. Ese pensamiento me hizo mucha gracia, no sabía si por la ocurrencia o simplemente por los nervios que tenía y que no quería dar a conocer a los demás.

Desde luego no era la primera vez que hacía algo parecido. Mi vida estaba plagada de viajes en el tiempo, tanto que incluso a veces no sabía en qué año vivía hasta que no pasaban los dos días reglamentarios y veía que mi vida continuaba normalmente.

Uno de los peligros de estos viajes radicaba precisamente en eso, que nuestra estancia tan solo podía prolongarse por cuarenta y ocho horas, ni una más, nuestro organismo no soportaba más que ese lapsus de tiempo y consumido éste, comenzaba a evidenciar los efectos del paso del tiempo, es decir, envejecíamos pero a pasos agigantados. Si tenías la suerte de encontrarte no muy lejos de tu edad presente no había demasiado problema, pero si era, como ahora, un viaje en el que adelantaría cincuenta años, ese pequeño inconveniente se transformaba en un grave problema.

-          Siempre puntual –oí que me decía Jack.

-          Es necesario –concedí con una sonrisa- Veo que se ha reunido aquí toda la flor y nata de la central –aquel comentario iba dirigido exclusivamente a Steve que también se encontraba entre los presentes- ¿qué haces tú aquí?

-          Jack me ha pedido que viniera. Me ha nombrado tu operario de pantalla –comentó con una sonrisa de triunfo.

-          ¡Mierda Jack! ¿No había otra persona?

-          Rachel todo el mundo se ha enterado de lo ocurrido en el Suspiro pero debes dejarlo al margen de esto, sabes que Steve es el mejor operario de pantalla de la central y no puedo arriesgar a que un novato de tres al cuarto se haga cargo de tu seguridad.

-          ¡Él es un problema grave! –dije irritada.

-          ¡Ya basta! Steve será tu operario –y bajando la voz continuó- además hay algo más que no sabes, esta vez tendrás acompañante.

-          ¿Qué? –aquello era el colmo, no solo tenía que claudicar con Steve sino que además me adjudicaban un acompañante cuando sabían perfectamente que no lo toleraba- No, eso sí que no.

-          No puedes negarte, además lo necesitarás.

-          ¿Cuándo he necesitado yo tener carabina?

-          Lo siento Rachel, pero los mandos así lo han solicitado, no puedo negarme.

-          ¿Y quién se supone que será el responsable de que nos maten?

-          ¿Porqué tienes que ser tan negativa siempre? Te será de mucha ayuda ya verás, es un synchronizer.

-          ¡Lo que faltaba! Un maldito “radio-reloj”, esos armarios de tres cuerpos no pueden pasar desapercibidos, cuando he dicho que será el responsable de que nos maten creo que me he quedado corta.

-          Guárdate el sarcasmo para otro momento –dijo una voz grave detrás de mí- creo que no es lo más adecuado estando yo presente.

Por todos los diablos, además había llegado sin que yo me diera cuenta, tirando por tierra mi apreciación de que no podían pasar desapercibidos y dejándome como una completa idiota delante de todos lo presentes. Nuestra relación como compañeros de trabajo comenzaba con mal pie.

-          Rachel te presento a Mark, tu compañero, Mark esta es Rachel.

-          No puedo decir que esté encantado de conocerte después de recibimiento pero haré un esfuerzo –dijo tendiéndome la mano.

Sinceramente creo que el brillante tono rojo que tiñó toda mi cara debió de ser visto desde cualquier punto de la sala. Con todo el valor que pude reunir, acepté la mano que me tendía.

-          Bien, ya está todo a punto. El Transportador está automatizado para que os deje en una zona donde no existe peligro alguno. No os pueden ver aparecer cerca del área donde se ha detectado el objeto –aclaró-. Os recuerdo que es necesario que el Reparador nos llegue en perfecto estado ya que nos sería imposible realizar cualquier arreglo y, por supuesto, también espero vuestro regreso, sanos y salvos. Cuidaos por favor, sois los mejores de vuestras brigadas.

-          Vamos Jack, no te pongas tierno, no va contigo –me despedí.

Nos acomodamos dentro del Transportador como buenamente pudimos. Aquellos chismes estaban pensados para albergar cómodamente a tan sólo una persona por transporte. Esta vez éramos dos los que debían compartir el habitáculo, y teniendo en cuenta la envergadura de Mark, aquello resultó ser más difícil de lo que había parecido desde fuera.

-          ¿Has hecho esto alguna vez?

-          No.

-          ¿Sabes como tienes que usar los dispositivos de seguridad, te lo han explicado?

-          Si.

-          Hazlo, partiremos en cuanto nos den la señal.

-          Bien.

-          ¿No eres muy hablador verdad? –dije volviendo la cabeza y mirándole. Parecía un muñeco gigantesco dentro de una caja de zapatos.

-          No es necesario –respondió mirándome directamente a los ojos- ya lo haces tú por los dos.

En vista de la seca e hiriente contestación concentré todos mis esfuerzos en los mandos del Transportador con la esperanza de fundirme con ellos. No podía tomarle en cuenta que no le cayera bien después de lo que había dicho de él. La verdad es que tampoco parecía que él estuviera muy contento con el encargo que debía realizar, así que me sentí algo mejor conmigo misma. Después de todo, parecía que los dos nos sentíamos obligados a soportar la presencia del otro.

A los pocos segundos el monitor hizo conexión con la pantalla de operaciones, eso quería decir que todo estaba a punto y en breve nos marcharíamos.

-          Espero que estéis preparados. Esta vez vas muy lejos querida.

-          Abrevia Steve –dije.

-          La travesía será de quince minutos, cincuenta años reales. Todos los dispositivos de seguridad funcionan correctamente. La automatización del punto de entrega y de recogida está digitalizada y operativa.

-          ¿Esa es tu manera de abreviar?

-          Me gusta saber que me estas escuchando.

-          Que bonito Steve, y pensar que eso es precisamente lo que deberías haber hecho antes.

-          Preparados para el transporte –la voz de Steve sonó rígida por el intercomunicador- En tres, dos, uno.

Accioné la palanca suavemente como siempre hacía. Y sentí como la poderosa fuerza del aparato me subía la adrenalina.

-          Ahora entiendo tu represión –dijo Mark.

Giré la cabeza para enfrentar al autor de aquellas palabras y lo fulminé con la mirada.

-          Si no sabes de que hablas, más vale que cierres tu bocaza.

-          Escúchame atentamente pequeña, aunque otros aguanten estoicamente tus comentarios y tus insultos, yo no los toleraré ¿me he explicado con claridad? No estás tratando con cualquiera, yo estoy acostumbrado a que me traten con respeto y dicho sea de paso tus estupideces no me hacen la menor gracia.

-          ¡Ja! Con la realeza hemos topado –dije sarcástica.

-          Efectivamente.

-          Escúchame tú ahora. Tampoco es de mi agrado trabajar acompañada así que por favor, sólo te pediré que no te metas donde no te llaman. Así no tendrás que soportar mis comentarios, ni mis insultos, ni mi mala educación. ¿Te ha quedado claro?

Claro, eso era, recordé que aquel gigante “radio-reloj” era el hijo del gobernante de los Synchronizers. Había escuchado rumores de que era un inconformista que no soportaba la vida pausada de su familia y desoyendo los consejos de su padre, se había alistado en una brigada especial.

Su raza era famosa por la disciplina con que regían su vida y supuse que le debió ser muy difícil que su familia aceptara tener un hijo que no cuadraba con los parámetros normales de comportamiento. En fin, tome la decisión de intercambiar el menor numero de palabras posibles para evitar más confrontaciones con aquel energúmeno imbuido de  presunción.

Concentré todos mis sentidos en el viaje. El indicador me informó que quedaban diez minutos para la llegada.

 

 

CAPITULO 3

            La ciudad no había cambiado demasiado. El cielo seguía cubierto por aquella cúpula que ya había visto en varias ocasiones durante otros viajes. Los edificios gubernamentales seguían siendo los mismos y las casas de los habitantes seguían estando en cuevas incrustadas en las faldas de la cúpula.

- Según mis datos, el Reparador está en alguna parte de esa área de edificios. Pero mi localizador no lo detecta.

- Yo sí, sígueme.

- ¿Puedo hacerte una pregunta algo personal?

- No.

- ¿Porqué te metiste en la brigada especial? –la curiosidad siempre ha sido mi debilidad.

- ¿Por qué preguntas si no te he dado permiso? –preguntó sin siquiera mirarme- Siempre he creído que nuestra capacidad estaba muy desaprovechada y creí conveniente hacer algo al respecto. ¡Cuidado, mira por donde pisas o caerás!

- ¡Oh! –mi pie había estado apunto de pisar unos tablones muy mal sujetos- Gracias.

- Veo que también sabes ser agradecida cuando quieres –aquel comentario no me resultó nada gracioso como al parecer él suponía, debido a la sonrisa con la que me obsequió.

- Si, ciertamente, pero dime, ¿tu puedes ser también algo menos presuntuoso?

- Sí, cuando la ocasión lo requiere –su semblante volvió a la seriedad.

- ¿Me estas diciendo que conmigo no es necesario?

- Te sulfuras con demasiada facilidad –esta vez sí que me miró- ¿Por qué? Creo que yo no te he hecho nada todavía para que me seas tan hostil.

-  No intentes echarme la culpa a mi, tu estas haciendo exactamente lo mismo –la risa que salió de su garganta me sonó franca.

-  Tienes razón, deberíamos comenzar de nuevo –dijo tendiéndome la mano-. Mark Lock, jefe superior de la brigada especial e hijo del gobernante de los Synchronizers.

-  Rachel Queen, Cabo primera de los Futurcops, encantada –contesté estrechándole la mano.

-  Eso está mejor –dijo con una sonrisa sincera.

Era increíble lo que le cambiaba el rostro cuando se relajaba. Pasaba de ser un inmenso “radio-reloj” sin sentimientos a un “sincronizador” muy agradable y por otra parte muy atractivo. Mark la condujo certeramente hasta un hotel que se encontraba muy cerca del área de cuevas y del centro de transporte terrestre que unía las diferentes ciudades.

- Aquí es donde está. Justo a tiempo, acaban de desconectarlo, ahora te toca a ti. –dijo Mark

El localizador daba una tímida señal que no concordaba nada con la afirmación de Mark de que el Reparador se encontraba en aquel edificio. Si efectivamente el aparato estaba allí, la señal de debía emitir tenía que ser mucho más fuerte.

-¿Estas seguro de que ese chisme está aquí?

- Sin lugar a dudas. ¿Ocurre algo?

- La señal es muy baja –dije- pero... espera tengo una idea. Entremos.

La entrada estaba concurrida y logramos colarnos perdiéndonos entre el gentío que ocupaba la recepción. Guié a Mark hasta las escaleras de servicio.

- Si mi corazonada es correcta, lo único que puede interferir en la señal del localizador es algo muy sólido, así que el Reparador debe estar debajo del hotel, no en el hotel.

- Debemos tener cuidado, detecto aparatos de gran energía ahí abajo y no creo que sean los que limpian el aire.

- Estoy preparada –dije mientras soltaba mi mochila en el suelo y me agachaba para sacar mi arma.

- Bonito juguete.

- Gracias –contesté mostrándole la pistola.

- De nada pero no me refería a eso –dijo con una media sonrisa y una ceja arqueada- ¿Hay muchas Futurcops usando estos trajes tan… llamémosle sugerentes?

El tejido del traje se ajustaba perfectamente a los movimientos de mi cuerpo y al agacharme había dejado el trasero desprotegido ante los devoradores ojos de mi compañero.

- Mark sinceramente creo que no es momento para demostrarme tus dotes de ligón –dije con una sonrisa ya que descubrí que aquel cumplido no me había disgustado en absoluto.

- Tan sólo era una apreciación. A la mayoría de mujeres que conozco no les molesta. Por otra parte siempre digo lo que pienso y creo que tienes un físico estupendo.

- Gracias, mi trabajo me ha costado.

- Ha sido un placer.

Por fin llegamos a la planta más baja, no quedaban escaleras que siguieran en esa dirección. El localizador indicaba que debíamos caminar en dirección norte. Le hice un ademán a Mark para que me siguiera y él lo hizo sin rechistar.

Después de todo no parecía mala persona. Como siempre me había equivocado en mi primer juicio sobre él aunque esta vez era al contrario de lo que pasaba normalmente. Siempre entregaba lo mejor de mí misma a la persona menos indicada, debido a ello recibí duros desengaños con los que yo creía eran amigos. Pero esta vez, Mark había sufrido mi descortesía y mi mala lengua antes de poder saber que no se lo merecía.

Seguimos en aquella dirección hasta que la señal cambió, y nosotros con ella.

- Según el indicador el Reparador está detrás de esa puerta.

- Bien, ahora déjame a mí ir delante.

- Como quieras –concedí.

Mark pegó el oído a la puerta tratando de saber cuantas personas se interpondrían entre nosotros y el objetivo. De uno de sus bolsillos sacó una especie de minúsculo teclado del cual colgaba un cable con una ventosa la final y una tarjeta. Observé como colocaba la tarjeta en la ranura de la cerradura de la puerta y la ventosa la aplicaba directamente sobre su sien. Tecleó durante unos segundos y el diodo de la puerta cambió al verde al recibir los datos en la célula inalámbrica de la tarjeta. Guardó de nuevo todos los artilugios y sacó un arma de su cazadora.

- Dos a la derecha y dos a la izquierda.

- De acuerdo déjame los de la derecha.

Entramos disparando a diestro y siniestro cogiendo desprevenidos a los cuatro individuos de dentro que cayeron al suelo mortalmente heridos por mi arma.

- Rápida y muy buena puntería pero ten cuidado, creo que ha sido demasiado fácil –dijo Mark.

- Tienes razón, esperaba algo más de resistencia -al final de la habitación había una puerta a la que me dirigí enseguida abriéndola sin dificultad.

- Vaya, creía que nunca llegaríais.

- ¡Jack! ¿Pero que haces tú aquí? –dije mientras Mark se colocaba a mi espalda.

- Lo que debo hacer para conseguir lo que merezco–dijo sacando una pistola escondida y apuntándolos.

- ¿Cómo? –pregunté.

- Ten cuidado Rachel, creo que esto es una trampa –dijo Mark

- Tienes razón cerebrito- dijo Jack- veo que además de ser un “radio-reloj” también piensas.

 

CAPITULO 4

- ¡Vamos, soltad las armas! –exclamó Jack- no os van ha servir de nada, lo tengo todo bajo control.

-Maldito cabrón. ¿Quién más está contigo? Esto no lo has podido hacer solo.

-Rachel, ha sido una suerte que te pelearas con Steve. Él mismo se ofreció voluntario.

-Hijo de…

- Necesitábamos a alguien que te odiara lo suficiente como para que no te permitiera volver. Lo siento pequeña, lo mío no es nada personal, pero tenía que enviar a alguien para que mis superiores no sospecharan e insistieron demasiado. Digamos que has tenido mala suerte.

- Pues créeme que para mí si es personal cuando te digo que eres un cerdo. Dime, ¿a que precio te has vendido? –mientras Jack y yo hablábamos noté como Mark introducía su mano en mi mochila y cogía algo de ella.

- No lo entiendes, ¿verdad? No sabes lo que es estar año tras año en el mismo maldito despacho viendo como tus compañeros ascienden y aspiran a puestos mejores, ganando así posición económica y status. Siempre he hecho mi trabajo correctamente, ganándome la confianza de todos y su agradecimiento, pero nada más. Para mi no habían ascensos, proviniendo de una familia pobre como la mía, no había sitio para mí con los de su clase. ¡Bien! Pues ahora tendrán que hacerlo, no les dejaré otra alternativa.

- ¿Y Mark? ¿Qué pinta él en todo esto? –le miré tratando de leer en su rostro algún tipo de emoción, pero permanecía impasible, mirando fijamente a Jack.

En ese momento noté que colocaba algo frío y metálico en mi mano. Pasé los dedos poco a poco por la hoja, era mi cuchillo pero tenía algo pinzado en la empuñadura. Adiviné lo que quería que hiciera.

- La raza de los Synchronizers viven en su propio mundo, no se preocupan de nada que no vaya con ellos directamente pero Mark es peligroso, con su poder mental él era el único que podía descubrir todo esto conectándose con las redes informáticas que he utilizado, antes de que se llevara a cabo y dar al traste con mi plan, la única forma de mantenerlo donde yo quería era acompañándote.

- Así matabas dos pájaros de un tiro, ¿no es cierto?

- Tan aguda como siempre.

- No te imaginas cuan aguda puedo ser.

Antes de terminar la frase lancé el puñal clavándolo profundamente en el cuerpo de Jack, justo en ese momento Mark se puso a trabajar tecleando en su pequeño portátil y creando una descarga de energía tan fuerte que Jack quedó carbonizado en segundos.

- Buen trabajo.

- Gracias.

- No las merece –dije- vamos busquemos el Reparador debe estar por aquí.

- ¿Tienes idea de que forma tiene ese chisme?

- El informador mandó algo parecido a un dibujo. Sé que es redondo y del tamaño de una bola de billar –dije mientras buscaba por los cajones de la mesa.

- No creo que esté ahí, yo lo abría puesto a mejor recaudo.

- Tienes razón pero, ¿dónde? –Levanté una pequeña pila de documentos que guardaba uno de los cajones y encontré una nota- Mira esto –Mark leyó rápidamente.

- Según el autor de la nota, el Reparador ha sido transportado.

- Exacto, eso quiere decir que no tenemos nada que hacer aquí ¡Vamos rápido!

Salimos de aquel laberinto de pasillos volviendo ha ascender por las escaleras y saliendo al exterior del edificio. Jack se había cubierto las espaldas ante la posibilidad que de encontrásemos el Reparador y lo había transportado a nuestro presente, sacándolo así de escena. Debíamos volver lo más rápidamente posible y tratar de localizarlo.

- Debe de tenerlo en algún lugar de la central, no creo que haya sido capaz de sacarlo de allí, hay demasiadas medidas de seguridad –dije mientras conectaba el Transportador.

La pantalla de conexión con el operador se encendió para mostrar el rostro de un incrédulo Steve.

- No sé como lo has hecho, siempre me sorprendes –dijo con una horrible sonrisa falsa.

- ¿Acaso lo dudadas? Tu y yo aún tenemos algo que resolver, hijo de perra y eso precisamente es lo que me anima la sangre.

- Rachel, Rachel… Siento tener que darte la mala noticia, no podrás hacer lo que quieres. No podrás volver si yo no te lo permito. Recuerda que controlo tu destino.

- ¿Este Transportador está digitalizado con los datos de llegada y partida verdad? –preguntó Mark.

- Si –respondí.

- ¿Acaso tu “radio-reloj” cree que puede hacer algo? –la risa de Steve nos llegó con algo de interferencias pero muy clara.

- Apártate Rachel –me moví para dejar sitio a Mark en el panel de control.

- Adios amiguito, te prometo que ya nos volveremos a ver –le dijo Mark a un Steve que cambió el semblante inmediatamente antes de apagar la pantalla.

- ¿Qué vas ha hacer?

- Voy ha intentar algo, creo que puede funcionar –dijo mientras extraía un cable de contacto del transportador y lo aplicaba directamente a su pequeño teclado introduciéndolo en una clavija extremadamente estrecha –necesitaré alguna fuente de energía potente. Dame tu arma.

Le tendí mi láser de mano rápidamente y vi como extraía la carga que contenía colocándola a un lado. Arrancó la ventosa que solía utilizar para conectar su cerebro y enroscó el cable al contacto con la carga de energía.

- Sal de aquí, voy a sincronizar el transportador con la carga, si algo me ocurre tu debes regresar y solucionar esta locura.

- ¿Estás loco? No puedo dejar que hagas eso.

- No hay otra alternativa Rachel, debes hacer lo que te digo. ¡Vamos! Soy tu superior y te lo ordeno–dijo mientras me empujaba fuera de la unidad de transporte.

Caí al suelo y retrocedí poco a poco. Una luz que dañaba los ojos y me hizo girar la cabeza, iluminó el interior del transportador por unos segundos. Cuando pasó volví a mirar, la unidad estaba en funcionamiento. Me incorporé rápidamente y entré en el habitáculo. Mark estaba recostado sobre el asiento todavía con las conexiones en las manos, le tomé las constantes vitales, estaba vivo gracias a Dios pero inconsciente. Moví su enorme y pesado cuerpo como pude para acceder a los mandos y accioné la palanca lentamente poniendo en marcha el Transportador.

- Lo has conseguido amigo –dije pasando mi mano por su pelo- aguanta llegaremos enseguida.

***

- Bien Cabo 1º Queen, su informe es satisfactorio y concuerda totalmente con la información de la que disponemos. Creemos que ya tenemos lo necesario para cerrar el caso.

- ¿Puedo hacer una pregunta señor?

- Afirmativo.

- ¿Que ocurrirá con Steve?

- Será enjuiciado oportunamente por todos los cargos que se le imputan. No puedo decirle más, está bajo sumario.

- Gracias señor –le hubiera gustado poner la manos encima a aquel energúmeno pero ya tendría la oportunidad cuando saliera libre. Aunque tuviera que esperar cincuenta años.

- Es todo puede retirarse.

Sin perder más tiempo, me levanté de la silla en la que había prestado declaración a la Junta del Centro de Control para abandonar el edificio.

Necesitaba volver a casa, añoraba una buena ducha. Aunque no había pasado demasiado tiempo, aún no había podido volver. Después de regresar de su viaje todo ocurrió muy deprisa. Mark fue llevado a la unidad médica rápidamente y los mandos fueron informados. Hasta que no atraparon a Steve que trataba de salir de la ciudad no dejaron que me marchara. Gracias al arresto de Steve pudimos localizar el Reparador. La restauración de los gases estaba programada para dentro un par de horas así que debía darme prisa en volver al Centro.

En mi cueva todo estaba tal y como lo dejé antes de marchar. Me deshice rápidamente del traje dejándolo en una bolsa para el lavado químico y tomé aquel maravilloso baño que tenía en mente y que me hizo relegar al pasado todo lo vivido.

¿Todo? No. La experiencia de conocer ha Mark había sido muy satisfactoria, de hecho comenzaba a darme cuenta que sentía algo así como una especie de sentimiento extraño dentro de mí, algo que no era amor desde luego, pero que me hacía pensar en él en todo momento. Al fin y al cabo me había salvado la vida y había conseguido sacarnos de aquel horrible futuro.

Desde el salón de mi cueva escuché como el gobernante daba la noticia por los altavoces colocados en la cúpula, avisando a todo bicho viviente que debía dirigirse al Centro de Control antes de una hora para proceder a la activación del Reparador. En algún momento del viaje pensé que no llegaría a oír nunca ese mensaje de esperanza para el planeta y se me alegró el corazón.

¡Lo habíamos conseguido! La Tierra tenía otra oportunidad.

 

EPÍLOGO

- Hola Rachel ¿ya te marchas?

- Si mi jornada ya ha terminado.

- Bien, hasta mañana.

- Hasta mañana Mike.

Caminé por los nuevos y soleados pasillos de la Central rápidamente. Desde que las cúpulas se habían abierto, hacía tan sólo una semana, para mostrar aquel maravilloso cielo que recordaba de mi niñez, estar demasiado tiempo en cualquier sitio cubierto me parecía un desperdicio de tiempo. Necesitaba recuperar cada instante de mi vida en el que no había podido disfrutarlo. Salí a la calle, protegiendo mis ojos del astro tanto tiempo negado con unas gafas de sol.

- Hola preciosidad, ¿algún plan para esta tarde maravillosa?

- ¡Mark!

- Increíble, recuerdas mi nombre –dijo con sorna- No sé si me gustaba más lo de “radio-reloj” cuando lo decías… no sé, me parecía más íntimo.

- ¿He de pedirte perdón por ello?

- ¿Acaso te parece que debas hacerlo?

Se le veía totalmente recuperado y una sonrisa radiante iluminaba su rostro. Estaba muy atractivo vestido con un simple tejano y una camisa blanca finísima.

- La semana en el centro médico te ha sentado bien –dije apreciativa.

- Gracias –rió- Aun no has contestado a mi primera pregunta.

- No, ningún plan que no se pueda modificar.

- Perfecto, vamos.

- ¿Dónde vamos?

- Voy ha enseñarte algo.

- ¿Qué?

- Eres excesivamente curiosa y preguntas demasiado.

- ¡Ja! Ya me conoces.

- No del todo pero pienso rectificar eso –sonrió arqueando una ceja y añadió-, a fondo.

 

FIN

 
 
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