| |
Tener una imaginación súper activa puede ser un verdadero obstáculo para mucha gente. Para otros, puede ser un don. Para mí ha sido ambas cosas. Crecí en una zona muy rural de Nueva Escocia, Canadá, llamada Economy. Mi casa estaba situada justo en un pequeño valle de Minas Basin. El punto más bello que puedas imaginar... colinas verdes, frondosos bosques, acantilados de arcilla rojiza y las mareas más altas del mundo. Por desgracia, no había demasiados niños de mi edad con los que jugar. Mis hermanas eran más mayores que yo, y aunque me llevaban consigo a donde podían, no era lo mismo que tener compañeros de juegos. No recuerdo que me importara demasiado que no hubiera otros niños. Confiad en mí, ya me entretenía bastante yo solita. Tenía un gato imaginario llamado Meef y todo un mundo interior en la cabeza en el que divertirme. Esto me metió en problemas en años posteriores cuando me sumergía en él durante las clases de álgebra. Sin embargo, la imaginación que cultivé durante esos años me resultó muy útil cuando mi madre me prohibió que viera <<Otros mundos>> cuando contaba cuatro años.
Decidí que quería ser escritora muy pronto. Mi amiga Marnie y yo siempre estábamos escribiendo historias... ¡no sólo historias, sino libros! Mi primer relato corto apareció cuando tenía ocho o nueve años. ¡Gracias, Marnie, por hacerme empezar! Mi primer libro constaba de 372 páginas escritas a mano y trataba sobre un grupo de música que sonaba y se parecía sospechosamente a Duran Duran. Eso también fue culpa de Marnie. Fue ella la que me descubrió a este grupo.
Después de aquello, no hubo descanso. Me había picado el gusanillo y se negaba a dejarme en paz. Escribía a todas horas. Mi madre me gritaba que me fuera a la cama, pero yo sabía que no apagaría la luz hasta que plasmara en una página todas las palabras que pululaban por mi cabeza. Por entonces lo escribía todo a mano. Un año por mi cumpleaños me regalaron una máquina de escribir manual y mi hermana, Heather, me enseñó a escribir en ella. La desgasté de tanto escribir. También fue por aquella época que me tocó de profesor de inglés en el centro educativo Cobequid un hombre llamado Larry Bent. Hasta hoy, sigo culpando a este hombre de que me haya convertido en escritora. Jamás se me ocurrió que podría convertirme en una escritora profesional hasta que él me dijo que podía hacerlo. Gracias, señor Bent, le adoro.
Fui a la universidad de periodismo. Quería a mis compañeros. Adoraba a mis profesores y estaba entre las mejores notas de la clase. Fui editora del periódico de la facultad y devoré la sección de libros románticos de la librería local. Después de un intento fallido de convertirme en periodista (no estaba en mí), fui de un lado a otro durante unos años, tratando de <<encontrarme>> a mí misma. Durante esta época hice un curso de procesador de textos para escribir. De pronto, podía guardar archivos en un disquete. ¡Ya no tenía que rescribir toda una página si quería revisar parte de ella!
Fue casi al final de esos años <<perdidos>> cuando redescubrí la novela romántica y conocí a alguien que me cambió la vida para siempre. Su nombre era Steve. Era muy guapo y me hacía reír. Y cuando nos dimos el primer beso supe que era el hombre con quien iba a casarme. ¿Da miedo, eh? No tanto como el día que llegué a casa después de otro horrible día de trabajo y él me dijo <<¿Por qué no lo dejas? Vuelve a clase y termina de escribir ese libro>>. Steve era más listo que yo, por lo que supuse que sabía de qué hablaba, así que acepté su consejo y lo lleve a cabo.
Ese primer libro apestaba y nunca lo vendí. Sin embargo, para cuando terminé el segundo, había aprendido mucho y conocía a algunas personas que me ayudaron a descubrir cómo construir una trama decente. Comencé a hacer críticas de libros en la red y fue entonces cuando conocí a alguien que ha sido muy importante en mi vida, tanto a nivel personal como profesional. Su nombre era Lisa Kleypas, y quería escribir como ella.
Bueno, Lisa me enseñó que posiblemente sería más feliz escribiendo con mi propio estilo en lugar de hacerlo según el de otra persona, y seguí su consejo. Estaba en racha, así que dije que sí cuando Steve me propuso matrimonio (No soy TAN estúpida) y volví a decir que sí cuando Avon me ofreció un contrato para aquel segundo libro nada más acabarlo.
Así que, aquí estoy. Casada con un tipo estupendo que me apoya en mi carrera y presume de mí delante de todo el mundo. Cuento con un maravilloso grupo de apoyo en mis hermanas (¡Hola Hydie, Lynnie y Sass!), y mis padres. Y tengo algunos de los amigos más alucinantes —de los de verdad, no sólo imaginarios— dentro y fuera del mundo de la romántica. Hago lo que adoro hacer, lo que siempre he soñado. Duran Duran han vuelto a unirse y están grabando un nuevo álbum. La vida es genial. |
|