Cuando leí la única y asombrosa primera novela de Laura Kinsale, recuerdo que pensé que una de dos: o le había salido bien por pura chiripa o acababa de dar con una de las mejores escritoras en la historia del género romántico. Sus siguientes libros me demostraron que no se trataba de chiripa; sin embargo, en mi opinión, no fue hasta Sombra y estrella cuando alcanzó la plena madurez como escritora, encontrando el equilibrio perfecto entre la historia y los personajes. Laura Kinsale tiene el don de expresar fuertes emociones con una increíble sutileza. Su escritura es limpia y de fácil lectura, pero su simplicidad es engañosa: Kinsale escoge las palabras con la sensibilidad de un poeta.
Leer a Laura Kinsale siempre es una experiencia emocional. El peligro asoma cuando esos héroes embargados de angustia, tan característicos de la autora, devienen demasiado atormentados. Alguno de ellos pasea al filo de la locura, algo que me incomoda. No me gusta que mis fantasías sean demasiado sombrías. Pero cuando esta tendencia está controlada, como ocurre en Sombra y estrella, la profunda necesidad que tiene el héroe de amar y ser amado, y la habilidad de la heroína para redimirlo, todo confluye en una experiencia que te transforma.
Samuel Gerard, el héroe de esta historia, sobrevivió a una infancia marcada por los abusos sexuales, y fue rescatado y llevado a Hawai por una familia acomodada, los Ashland. Dojun, el mayordomo japonés de los Ashland, ayuda al pequeño a cerrar sus heridas más profundas mediante la enseñanza de las técnicas y la filosofía de las artes marciales. Samuel se convierte así en un guerrero formidable, pero siempre está en guardia frente a su propio deseo sexual, que considera peligroso, algo contra lo que debe luchar y que tiene que dominar.
Cuando conoce a Leda Étoile, una remilgada y correcta dependienta de una casa de modas londinense, Samuel le solicita ayuda en su campaña secreta contra los prostíbulos de niños que operan en la ciudad, y finalmente la contrata para que sea su secretaria personal. Leda es un personaje encantador, ingenua e inteligente, que jamás osaría imaginar que un hombre tan rico y apuesto como Samuel pudiera interesarse por ella, aunque le ama con toda la dulzura y la generosidad de su alma.
Es un goce observar cómo se desarrolla esta relación, donde vibran el despertar emocional y el deseo impetuoso de dos seres inocentes. Tras una prolongadada lucha interior entre su casto amor por Kai, la hija de los Ashland, y el deseo que siente por Leda, Samuel seduce a Leda en una de las escenas de amor con mayor carga erótica que jamás he leído. No es fácil conseguir que un hombre virgen resulte tan sexualmente atractivo a la vez que manifiesta su inexperiencia, pero Kinsale logra sacar adelante la escena con tal destreza que logra estremecerte.
Instado por los Ashland y por su propia conciencia, Samuel accede de mala gana a comportarse como se espera de él y se casa con Leda, renunciando así a todos sus sueños de un amor casto y noble con Kai. Él cree que ha perdido toda posibilidad de salvación personal, pero lo que ocurre finalmente es que acaba encontrándola en Leda.
Con paciencia y cariño, Leda le ayuda a reconciliar esas dos mitades divididas de su ser, a liberarse de un pasado oscuro y a aprender a amar el cuerpo y el alma de una mujer.
De cuando en cuando releo este libro para obligarme a recordar algunas cosas… que una escritora de novela romántica debe forzar las fronteras de una historia más allá de lo que le resulta cómodo, y dar al héroe la dosis precisa de vulnerabilidad para realzar su fortaleza. Parajes exóticos, personajes vivos, una escritura elegante, una tierna historia de amor: Sombra y estrella lo tiene todo.
Siempre puedes saber si alguien es bueno de verdad por lo fáciles y sencillas que parecen ser sus obras. No se me ocurre otra escritora que posea el enorme talento de Laura Kinsale. Sencillamente, es asombrosa. Sombra y estrella es su mejor novela, y quien no la lea estará perdiéndose a una escritora en su mejor momento.
Lisa Kleypas