Me enamoré de la novela romántica de adolescente. Subsistiendo con una severa dieta a base de novelas góticas de Victoria Holt y harlequines, no tardé mucho hasta que comencé a crear mis propias historias. Escribí mi primer libro, The Emerald Castle, a los trece años. Era una novela verdaderamente horrorosa, con una heroína ingenua y un héroe arrogante. Ella le amaba por ningún motivo en particular, y él la trataba como si fuera basura. Pero la historia tenía un principio, un nudo y un desenlace, lo cual es mucho más de lo que otra gente consigue.
Así que, seguí escribiendo... y escribiendo... y escribiendo. Escribí mientras estaba en la universidad y seguí haciéndolo tras el nacimiento de mi primer hijo. Durante diez años me volví muy crítica y comencé varios manuscritos, escribiendo y reescribiéndolos. En algún momento, todo encajó. No fueron los libros de autoayuda los que me ayudaron a lograrlo, sino que fue la persistencia y una buena crítica que me llegó en la forma de mi amiga Sydney Baily-Gould.
La moraleja de esta historia, si es que tiene una, sería esta: ¡Puedes hacer cualquier cosa que tu corazón desee, lo único que tienes que hacer es no abandonar, y nunca jamás rendirte! (Le doy las gracias a Winston por esas estimulantes palabras)
Me parece de lo más natural que escriba novela romántica de corte militar y no sólo historias ambientadas en la edad media. Toda mi vida he estado rodeada de militares, desde mi tierna infancia en adelante. Mi padre era fiscal militar general de las fuerzas aéreas de los Estados Unidos antes de pasarse al servicio civil. Crecí en el extranjero, asistiendo a colegios internacionales y americanos con mis otros <<mocosos del ejército>>. Me casé con un oficial del ejército y me convertí en la esposa de un militar, experimentando de primera mano las tradiciones y el protocolo militar.
Después de la inesperada muerte de mi marido, volví a casarme, esta vez con un oficial de la marina de los Estados Unidos. Él se retiró después de veinte años de servicio para este fabuloso país. Gracias a él, hacía ejercicio en el gimnasio del la base y compraba en su supermercado.
Me enamoré de las novelas románticas de militares cuando leí el primer libro de los Troubleshooter de Suzanne Brockmann, The Unsung Hero. Desde entonces, he leído y releído todos sus libros. Ella es una gran fuente de inspiración para mí y también una persona verdaderamente admirable.
Sinceramente espero que mis historias de militares os diviertan a vosotros, los lectores, tanto como los libros de Suzanne me han divertido a mí.
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