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Meljean creció en medio del bosque entre cuentos de hadas, cómic y novelas románticas. Un buen día dejó el campo e hizo una pequeña y equivocada incursión en el mundo de la contabilidad y los bancos hasta que volvió a enfocar su carrera en sus primeros amores - la lectura y la escritura, donde se dio cuenta de que los monstruos, superhéroes y los finales felices son más fáciles de encontrar debajo de las portadas... así que decidió crear su propio mundo literario.
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