¿De qué me arrepiento en la vida? De no haber empezado a escribir antes.
Siento que desperdicié mi juventud. ¿Qué hice durante aquellos aburridos días de verano en mi niñez cuando podía haber estado practicando para poner a punto mis habilidades como escritora? No hice nada… bueno pasé mucho tiempo soñando que era una vaquera montando su fiel caballo negro. Oh, y leía todas las novelas de vaqueros de Walter Farley. No tenía hermanos así que lo único que proporcionaba emoción a mi vida era mi imaginación.
En el instituto cambié los caballos por las trincheras. Mi imaginación me llevó al lado más oscuro y arriesgado de la vida. Era una intrépida corresponsal en el extranjero que recorría los lugares más peligrosos del mundo en busca de la noticia. Pero ¿escribí sobre eso? No, pero tengo que decir que me leí todos los libros de misterio de Agatha Christie.
En mi época universitaria trabajé en unos grandes almacenes. Mi trabajo en el departamento de contabilidad me enseñó mucho sobre matemáticas, pero la falta de 300$ al cuadrar la caja y mis histéricas lágrimas me llevaron a la sección de envolver regalos… definitivamente, las matemáticas no eran lo mío. No me importó mucho porque descubrí la autentica literatura: leí “Ulyses” de James Joyce y “Guerra y Paz” de Tolstoy. Si estas obras no se hubieran cruzado en mi camino jamás me habría interesado la lectura. Sí, lo admito, era una esnob literaria.
Me licencié en Filología inglesa por la Universidad de Rutgers y decidí que evitaría, en lo posible, leer libros que no tuvieran ni pies ni cabeza y aquellos que tuvieran un final trágico. Durante aquellos años lo único que logré escribir fueron documentos de investigación.
Durante varios años me dediqué a la enseñanza y luego pasé dos años en Dublín (Irlanda). Junto con una amiga, me ganaba la vida cantando canciones tradicionales en los pubs irlandeses. Cantábamos fatal, pero éramos jóvenes, entusiastas… y llevábamos minifalda. Obviamente no estaba predestinada a ser la nueva Judy Collins. Durante esa época mi principal fuente de lectura eran los libros relacionados con la música.
De vuelta a Nueva Cork, y a la realidad, volví a dar clases en la escuela primaria, pero otra vez sentí que aquel no era mi sitio. Mis andanzas por el país incluyeron estancias en Arizona, California y Texas. A lo largo del camino satisfice mi amor por los caballos, no fueron sementales negros, pero sí que tuve algunas yeguas árabes preciosas. En aquella época leí mucho sobre cría y exposición.
En algún lugar entre California y Texas me volví adicta a las novelas románticas y a los gatos. La actitud independiente de los felinos era justo la cualidad que admiraba en mis héroes románticos, y una vez que decidí intentar escribir mis propias novelas románticas me aseguré de que un gato siempre estuviera presente en mis historias.
Me establecí de forma permanente en Texas porque sentí que había completado el círculo: nací en San Antonio y pasé la mayor parte de mi vida en Nueva Jersey. Tal vez la sangre tejana que corre por mis venas explica mi vínculo con los hombres fuertes, los caballos rápidos y los espacios abiertos. ¿Mi amor por los gatos?... no tengo ni idea |