Sandy Blair ha dormido en castillos, se ha arrodillado en catedrales donde fueron coronados reyes y reinas, ha cenado con la nobleza, paseado en góndola por los canales venecianos, explorado las grandes pirámides, extraviado a su marido en unas ruinas egipcias (continua negando que fue ella la única que se perdió) y se ha caído de un barco durante un crucero (de manera muy elegante, eso sí).
No es extraño que el debut de esta autora de novela romántica de Dallas ya logre brillantes cumplidos por su habilidad para transportar a los lectores a entornos europeos de forma convincente… y además consiga sacarles más de una sonrisa.
A Sandy Blair, ganadora del Romance Writers of America's© Golden Heart al mejor romance paranormal, y destinataria de cuatro estrellas y media en el top de mejor clasificación del Romantic Times BOOK Club’s, le encanta escribir sobre el pasado.
<<Encuentro más sencillo dejar de lado mi propia incredulidad cuando estoy totalmente inmersa en una época en la que nadie se preocupaba por lo políticamente correcto. Cuando los hombres eran maravillosamente dominantes y no tenían ni la más remota idea de lo que significaba su lado femenino, ni querían entrar en contacto con él>>.
A menudo, Sandy emplea elementos paranormales en sus historias, <<porque creo que la sola posibilidad expande la imaginación, y a la vez me da mucho más juego a la hora de meter toques de humor>>.
En cuanto a sus viajes, sus destinos preferidos, Escocia e Irlanda, le proporcionan un interminable suministro de ambientes para sus novelas. Según esta autora, su lugar de vacaciones preferido en las Highlands es el castillo de Skibo en Dornock, Escocia. El castillo Stalker, erigido en una isla, hogar de los Stewart de Appin y el clan paterno de su marido, fue la inspiración para su castillo de Blackstone en “A Man in a Kilt”. Adare Manor, en el condado irlandés de Kilkenny, es otro de sus lugares favoritos y está destinado a ser el enclave de una futura novela.
Sandy, que irrumpió en el mundo editorial en el 2003 con A Man in a Kilt, está casada con un grandullón y fornido escocés, perteneciente al clan de los Stewart, que sigue haciéndola reír y ha conseguido ganarse por derecho propio el papel de héroe al subir maletas llenas de montones de libros de investigación por antiguas y sinuosas escaleras de castillos construidos por sus antepasados.
Cuando no escribe, Sandy se interesa por la acuarela y dirige a voluntarios para la fundación de caridad “Hábitat para la humanidad” y la fundación nacional de Hemofilia. Adora tener invitados y afirma que el secreto para una velada exitosa es una bonita decoración en la mesa y un buen vino antes de la cena.
Le encantan los perros peludos y echa muchísimo de menos a sus tres caballos de paseo Tenessee que poseía antes de mudarse desde su rancho de Florida a la ciudad de Dallas. Su actual amigo es Opal, un pequeño conejo hembra que se cree un gato. |