 Queridos Reyes Magos de Oriente:
Este año otra vez he sido mala, pero es que si no la cosa no tiene emoción. Qué os voy a contar. Como vosotros sois muy comprensivos con las flaquezas humanas, que lo sé yo, me he permitido pediros unos favores "románticos" para el año que viene.
Lo primero que os pido es que me gustaría que no se publicara ningún artículo más, esos artículos espantosos que se publican en prensa no especializada, en el que se hablara de la novela romántica como un entretenimiento para mujeres, con final feliz, con el que evadirse de lo cotidiano.
Sí porque Majestades vosotros sabéis bien que, desde a noche de los tiempos, desde aquellos debates sobre la utilidad del arte, cuando te tildan de “evasivo”, de escapista..., de regalo también te están acusando de trivial, de vano, de falto de contenido, de transcendencia, de grandes tramas, de grandes ideas, de compromiso, de seriedad.
Los serios, los comprometidos, los implicados con el mundo y sus miserias, son los de la alta literatura; aunque sus libros conduzcan a laberintos sin salida, tan angustiosos como delirantes. En cambio, los de la evasión, los del final feliz, los que cuentan el mundo a través de historias de amor, los que tienen su compromiso con lo bello y lo bueno que hay en el mundo, son los de las ficciones populares, sí, porque ni siquiera para muchos lo romántico es digno de considerarse literatura.
Por eso os pido que el año que viene no se escriban artículos en los que se destaque que la novela romántica es un pastiche evasivo cocinado a base de ingredientes utópicos, léase: romance con el hombre que no existe; sino literatura comprometida con las mujeres, a las que convierte en protagonista de sus propias historias, y con el poder de amor.
¿Que qué es eso del hombre que no existe? El prota clásico de novela romántica: atractivo, forrado, inteligente, amoroso y portador de maximiembro. Pero no lo busquen que no existen, oigan. Este es otro de los tópicos con los que nos castigan los artículos de prensa no especializada cuando hablan de novela romántica: nos suponen tan unineuronales que no sabemos distinguir realidad de ficción. Menos mal que están ellos para abrirnos los ojos, para explicarnos que el prota romántico, por si no nos habíamos dado cuenta, es una criatura de ficción como los Orcos en la literatura fantástica, o como los detectives atractivos y sagaces que destapan tramas de corrupción internacional en la novela policíaca.
Pues eso, que a ver si vamos dejando atrás los tópicos hirientes, y el próximo año se escriben artículos en los que se deje patente que la novela romántica refleja a la mujer de su tiempo, sus preocupaciones, sus miedos, sus deseos… Que las novelas románticas son un espejo maravillosamente deformado en el que vemos nuestros aciertos y nuestros errores, con el que hacemos autocrítica, aprendemos y nos reímos muchísimo.
Y por supuesto que son novelas que reivindican el amor, y su perfecta adecuación con la autonomía individual y los compromisos sociales y personales. Novelas que conciben el como “la mayor y más imprevisible aventura a que se puede enfrentar el ser humano” (la cita es Ángeles Mastretta). El amor como fuente de intensidad, creatividad, plenitud y felicidad.
Tan difícil es de entender? ¿Tan difícil es comprender que creer en esto, defender esto, no es algo trasnochado y estúpido? Porque si lo es, trasnochados y estúpidos son el 75,4% de los españoles que, según el CIS, se manifiestan de acuerdo con la afirmación "el amor lo puede todo" o el 66,8% que está convencido de que una relación amorosa verdadera debe perdurar toda la vida.
Así que de ahora en adelante me gustaría leer que las novelas románticas hablan de algo tan serio, tan profundo, tan trascendente y tan consustancial al ser humano como es el amor. Ese impulso, que ahora los neurocientíficos nos cuentan que es tan poderoso como el hambre. Nada de inventos de Hollywood, ni de los trovadores, ya hace 4000 los sumerios escribían tablillas que versaban sobre el amor romántico.
A ver si se enteran de una vez.
Y ya que es algo tan comprometido y tan relevante, me gustaría pediros también que en los sucesivo la novela romántica sea tomada lo suficientemente en serio como para que premios que dicen ser de novela romántica, como el de Seseña, no tengan como presidentes de jurado a escritores de novela negra, que premian año sí, y año también a conocidos escritores de novela negra que se empeñan en revolucionar el género amputando de raíz su esencia.
No tengo nada en contra de la novela negra, al contrario. Considero que es épica, crítica, comprometida en lo social, denuncia… y entretiene.
Las novelas negras son el ejemplo flagrante de puede ser evasivo y comprometido, como también lo son, aunque muchos no se hayan enterado aún, las novelas románticas del XXI.
Novelas románticas que escriben muchas escritoras españolas (otro tópico que os pido por favor no volver a leer, en artículos generalistas, es que seguimos esperando la venida de la Corín del XXI) a las que les gustaría poder presentar sus novelas a concursos de literatura romántica en los que se premien a novelas que lo sean.
De lo contrario, en mi próxima carta me veré obligada a pediros que alguna escritora de romántica presida el jurado de premios de novela negra, y que siempre salgan ganadoras novelas sin asesinos ni espías, escritas por autoras románticas empeñadas en cargarse, perdón, en revolucionar el género.
Por este año, ya no os pido más... (Recordad que lo de la paz en el mundo y el chalet de cuatro plantas con vistas al Mediterráneo desde el que contemplarlo va en otra carta aparte).
Que tengáis buen viaje y que hagáis felices a todos.
Os idolatra,
Kaguya-Hime
P.D.: No os olvidéis de dejarles carbón a los de los artículos topiqueros.
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