SANT JORDI y EL DÍA DEL LIBRO

Ya estamos otro año más en Sant Jordi, ese maravilloso día para todo aquel que ame la lectura y los libros por encima de todo. Ese día en el que los hombres cambian una hermosa flor por un libro. Un día, que en ciertas regiones españolas, se le da la misma relevancia que al día de los enamorados.

Y tras llegar a este pensamiento, se me ocurre una duda ¿a qué viene entonces la escasez de títulos románticos en la publicidad de las librerías? Incluso hasta en ese punto se nos olvida o se nos excluye.

No es justo que simplemente porque piensen que son los hombres quienes van a recibir el preciado regalo de la literatura, opten por obviar este magnífico género. A estos hombres, a estos señores que aún no se han atrevido a probar las mieles de un buen libro romántico, hay que animarlos, y qué mejor forma de hacerlo que regalándoles un ejemplar.

No estoy hablando de uno de Mary Balogh, por ejemplo. Se supone que tenemos que animarlos, que tentarlos, no que salgan huyendo o que lo dejen inacabado como nos ha pasado a una buena parte de las lectoras. Aunque particularmente y para aquellas que lean en inglés, os animo a que le deis una nueva oportunidad, en versión original gana bastante, y para las que no, tendrán que seguir soportando las traducciones que le restan toda la calidad a tan profunda autora. O Sue-Ellen Welfonder, otra autora que desafortunadamente causa la misma decepción en aquel que la lee. No cabe preguntarse que lectora recomendó ese libro, ya que ya sabemos que para gustos los colores, dejémoslo con que a mí personalmente me aburre.

Pero estoy segura que las asiduas al género, sí podríamos recomendarles estupendos títulos que encontrarían muy interesantes y seguramente incluso se atreverían a comprar ellos mismos un segundo, y un tercero, hasta igual los convertimos en víctimas de la lectura romántica y llegan a coleccionar las sagas completas de los consabidos vampiros, de J.R. Ward. El misterio y la intriga de J.D. Robb/Nora Roberts. O de los Licos de J. Burning que tanto están dando que hablar y los cuales me consta, los hombres parecen encontrar muy entretenidos.

Pero, también me planteo una pregunta: ¿qué pasa con aquellas parejas, que por decisión propia cambian la tradición, siendo ella quién recibe el libro acompañado de la rosa, y ellos quizá, algún otro regalo al que vayan a dar más uso? Vuelvo a decir: ¡no es justo!

Desde aquí quiero lanzar este llamamiento a librerías y editoriales: La romántica también es literatura y por lo tanto merecedora de su lugar en este día. ¿O no es de ley que se celebre esta fiesta con un relato que hable del amor? ¿Acaso no fue el amor lo que hizo que Sant Jordi enfrentara al dragón, y una vez muerto, regalara la rosa nacida de la sangre de la bestia a la bella dama que mantenía en su guarida?

A las lectoras nos gusta pensar que así fue.

AMAZONA

 
 

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