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Rosie Sonrió con tristeza mientras pensaba en el pobre Martin. Naturalmente, no pasaba un solo día sin que pensara en él y lo extrañara horrores, pero aun así no se podía quejar. Su matrimonio había sido precioso, habían tenido dos hijos maravillosos, David y Sophie,y en los muchos años que habían pasado juntos casi no habían disentido. Martin y ella supieron con antelación antes de su muerte que se acercaba el día en que ella se quedaría sola. La familia de Martin tenía antecedentes de tensión alta, así que cuando tuvo dos ataques al corazón casi fatales durante su último año de vida, quedó claro que ni cambiando sus hábitos ni las pastillas que tomaba le iban a salvar lavida. Fue bonito que muriera haciendo lo que más le gustaba, cuidarlas rosas del jardín. El sol del atardecer estaba descendiendo cuando ella lo encontró. Rosie había enterrado al gran amor de su vida dieciocho meses atrás con la promesa de que saldría adelante, seguiría riendo y sonriendo y disfrutando la vida como había hecho siempre, para que no se le hiciera tan largo el tiempo que faltaba hasta que volvieran a reunirse. A veces le resultaba realmente difícil, pero se estaba esforzando al máximo para mantener su promesa.
Poco tiempo después de que Mark y Dara se prometieran, en una noche de borrachera Dara le contó a Ruth todo sobre Noah, su único y verdadero amor. De manera irreflexiva también le había confesado que a pesar de que quería a Mark con toda la ternura delmundo, no tenía ni punto de comparación con Noah. Ruth,una romántica empedernida paradójicamente pragmática, se quedó horrorizada.
—Y entonces, ¿cómo puedes plantearte siquiera casarte con él?—preguntó.
—Bueno, lo quiero, pero no estoy enamorada —dijo Dara arrastrando las palabras.
—¡Qué equivocación!
—Pero pienso hacerlo. Me gusta su compañía, su sentido del humor, la confianza que me inspira…
—Lo siguiente que me dirás es que te gusta su personalidad.
—Bueno, así es.
—¿Pero?
Dara suspiró exageradamente.
—Sencillamente él no es Noah.
—Mira, Dara —insistió Ruth—, si el tal Noah es tan perfecto y adecuado para ti, ¿cómo es que no estáis juntos? ¿Qué demonios pasó?
—Fui una imbécil.—Dara meneó la cabeza con pesar—.Fue por mi culpa. Lo estropeé todo. Ruth se levantó y sirvió otro chupito de tequila para cada una.
—Cuéntamelo todo —suplicó Ruth—.Y empieza por el principio.
Dara lo hizo.
La compañía de seguros ya se había hecho cargo de sus primeros gastos hospitalarios, así que a Louise no le quedó otra opción que pedir un préstamo a largo plazo para pagar los costes médicos adicionales. A los veintidós años no se le había pasado por la cabeza hacerse un seguro médico, y aunque no le gustaba nada la idea tuvo que aceptar la tentadora sugerencia de Heather de vender la casa familiar para contribuir a pagar las letras del crédito. El hecho de que su hermana se hubiera casado con el chico galés con el que llevaba tres años saliendo, y que para entonces estuvieran planeando mudarse a Cardiff, contribuyó enormemente a tomar la decisión. Louise tuvo que replantearse qué carrera hacer desde el momento en que su primera opción había quedado anulada por las consecuencias del accidente. A pesar de que se sentía tentada a quedarse en Cork, donde estaban todas sus amigas, se tuvo que enfrentar a la realidad deque con su espalda dañada sus opciones para potenciales trabajos eran limitadas. Así que cuando le ofrecieron lo que parecía una más que atractiva oportunidad de trabajar con horario flexible en Servicios Avanzados de Crédito, una nueva empresa de Dublín, Louise no pudo rechazarla. Además la idea de recoger sus cosas y empezar de cero en otra ciudad, como Heather estaba haciendo, le resultaba muy tentadora después de todos los problemas que había tenido últimamente. Así que Louise, bastante recuperada, pero todavía un poco magullada, se mudó a Dublín para empezar un nuevo trabajo y una nueva vida, dejando atrás su ciudad natal y también su reciente mala racha.