![]() |
|---|
Extracto de la novela
1
Roman Chandler fulminó con la mirada a su hermano mayor o, para ser exactos, fulminó con la mirada la moneda de veinticinco centavos que Chase tenía en la mano derecha. Tras recibir la llamada informándole del problema de corazón de su madre, Roman había tomado el primer vuelo que salía desde Londres con destino al aeropuerto JFK, otro avión hasta Albany y luego había alquilado un coche para dirigirse a Yorkshire Falls, su pueblo natal, cercano a Saratoga Springs, en el estado de Nueva York. Estaba tan agotado que le dolían hasta los huesos.
Y encima ahora tenía que añadir la presión a sus problemas.
Debido a la enfermedad de corazón de su madre, uno de los hermanos Chandler tendría que sacrificar su libertad para darle un nieto. Una moneda lanzada al aire decidiría qué hermano iba a cargar con tamaña responsabilidad, pero sólo Rick y Roman participarían en el sorteo a cara o cruz. Dado que Chase ya había cumplido con sus obligaciones familiares al dejar los estudios para hacerse cargo del periódico y ayudar a su madre a criar a sus hermanos pequeños, quedaría exento, a pesar de haber argumentado lo contrario. Él quería que participaran todos, pero Rick y Roman insistieron en que se quedara fuera.
Así pues, representaría el papel de verdugo.
—Decidid. Cara o cruz —dijo Chase.
Roman alzó la vista hacia el techo despintado, hacia la parte superior de la casa en la que había pasado su infancia, y donde su madre estaba descansando siguiendo las recomendaciones de la doctora. Mientras tanto, él y sus hermanos permanecían en el garaje polvoriento y manchado de tierra anejo a la casa familiar. El mis mo garaje donde de niños guardaban las bicicletas y las pelotas, y donde Roman escondía cervezas cuando creía que sus hermanos mayores no le veían. La misma casa en la que se habían criado y que aún pertenecía a su madre, gracias al esfuerzo de Chase y al éxito del periódico.
—Vamos, chicos, que alguien se decida —los instó Chase ante el silencio que lo rodeaba.
—No hace falta que parezca que disfrutas con la situación —farfulló Rick.
—¿Crees que me hace gracia? —Chase dio vueltas a la moneda entre los dedos con una mueca de frustración en los labios—. Menuda tontería. Tengo claro que no quiero ver a ninguno de los dos dejar la vida que le gusta por una tontería.
Roman sabía que su hermano mayor hablaba con ese convencimiento porque él no había elegido la vida que quería. Se había visto forzado a desempeñar el doble papel de editor y padre de la noche a la mañana. Con diecisiete años cuando murió su padre, y siendo el hermano mayor, Chase se vio obligado a ocupar el lugar de su progenitor como cabeza de familia. Y ése era el motivo por el que Roman participaba en el lanzamiento de la moneda. Roman fue quien dejó Yorkshire Falls e hizo realidad sus sueños, mientras Chase se quedaba y renunciaba a los suyos.
Tanto Roman como Rick consideraban a Chase su modelo de conducta. Si Chase pensaba que la frágil salud de su madre y su profundo deseo de tener un nieto exigían un sacrificio, había que estar de acuerdo. No sólo se lo debían a su hermano, sino que compartían la misma devoción por la familia.
—Lo que ha tenido nuestra madre no es ninguna tontería —les dijo Roman a sus hermanos—. Ha dicho que con el corazón débil no debe enfrentarse a disgustos.
—Ni a decepciones —añadió Rick—. Mamá no ha empleado esa palabra, pero sabéis perfectamente que eso es lo que quería decir. La hemos decepcionado.
Roman asintió para mostrar su acuerdo.
—Así que si tener nietos la hace feliz, entonces a uno de nosotros le toca darle uno para que lo mime y disfrute de ser abuela mientras viva.
—Saber que uno de nosotros está felizmente casado reducirá el estrés que se supone que debe evitar —dijo Chase—. Y un nieto le dará motivos para vivir.
—¿No podemos comprarle un cachorrito? —sugirió Rick.
Con treinta y un años, en los planes de vida de Roman no entraba sentar la cabeza. Hasta el momento, no se había planteado casarse y tener hijos. No es que a Roman no le gustaran las mujeres. Desde luego que le gustaban. Le encantaban: su olor y el tacto de su suave piel en contacto con su cuerpo excitado. Pero no se imaginaba dejando atrás su trayectoria para contemplar el mismo rostro femenino a la hora del desayuno el resto de sus días. Se estremeció, asombrado de que sus opciones de vida fueran a quedar decididas en ese preciso instante.
Se volvió hacia su hermano mediano.
—Rick, tú ya te has casado una vez. No hace falta que repitas. —Aunque Roman no tenía ningunas ganas de convertirse en responsable de la misión, no podía permitir que su hermano repitiera su pasado: casarse para ayudar a otra persona, sacrificándose él.
Rick negó con la cabeza.
—Te equivocas, hermanito. Yo también entro en el juego. La última vez no tiene nada que ver con esto. Ahora es por la familia.
Roman lo entendió. Para los Chandler, la familia era lo más importante. Así que volvían a estar como al comienzo. ¿Retomaría su trabajo de corresponsal en el extranjero para Associated Press, seguiría aterrizando en lugares conflictivos para contar al mundo ? las últimas noticias o se instalaría en Yorkshire Falls, cosa que nunca había planeado? Aunque, a veces, Roman no estaba seguro de cuál era el sueño que en realidad perseguía: si el suyo, el de Chase o una combinación de ambos. Roman temía reproducir la vida de su hermano mayor, predeterminada y sin opciones.
A pesar de tener el estómago revuelto, estaba preparado y asintió en dirección a Chase.
—Hagámoslo de una vez.
—De acuerdo. —Y Chase lanzó la moneda al aire.
Roman inclinó la cabeza hacia Rick para que eligiera él primero.
—Cara —dijo éste.
La moneda giró y voló como a cámara lenta. Roman vio pasar ante sus ojos su despreocupada vida: las mujeres que había conocido y con las que había ligado, la especial que había durado lo suficiente como para mantener una relación con ella pero sin llegar a ser la pareja de su vida, los tórridos y apasionados encuentros ocasionales, menos habituales ahora que era más mayor y más exigente.
El sonido de la palma de Chase contra la otra mano devolvió a Roman a la realidad inmediata. Observó la expresión solemne de su hermano mayor. Un cambio de vida.
La muerte de un sueño.
Roman sintió la gravedad de la situación en su fuero interno. Se enderezó y esperó mientras Rick tomaba aire de forma exagerada. Chase levantó la mano y bajó la vista antes de mirar primero a Rick y luego a Roman. Entonces cumplió con su deber como hacía siempre, sin echarse atrás.
—Me parece que vas a necesitar una copa, hermanito. Eres el chivo expiatorio del deseo de mamá de tener nietos.