Testimonios – La esquizofrenia narrada por los afectados
Según las estadísticas, una de cada cien personas con las que usted se cruza cada día padece esquizofrenia. En “Las voces del laberinto. Relatos reales sobre la esquizofrenia” (Plaza & Janés), Ricard Ruiz deja hablar a los afectados de este incomprendido enigma mental.
La desinformación respecto a la enfermedad; la forma tendenciosa y reduccionista en que los medios de comunicación y artísticos han retratado a los afectados, y la generalizada inclinación a estigmatizarlos hasta rebajarlos la condición de apestados sociales —una estratagema profiláctica del sano encaminada a reforzar su ilusión de normalidad— han contribuido a lanzar al esquizofrénico a la celda común de los locos, proveyéndolo de una camisa de fuerza que ahuyenta el riesgo de escarbar en su psique hasta reconocer lo cerca que está de la propia. Frente a la tentación inicial de acercarse al tema desde la ficción —postura que hubiese topado con las limitaciones y perversiones inherentes a las exigencias de la fabulación— y descartando la teorización propia de la especialización médica—, que implica una peaje de distanciamiento surgido del dictaminador ojo clínico—, el periodista y escritor Ricard Ruiz (Barcelona, 1973) se decanta por una tercer avía que, a priori, resulta la más directa y honesta, la más fiable fuente de conocimiento: dejar que sean los mismo enfermos quienes nos guíen por sus complejas y tortuosas mentes. Las voces del laberinto reúne en primera persona un conjunto de estremecedores testimonios de afectados por la esquizofrenia —cuya verdadera identidad es preservada—, reelaborado literariamente por el autor sin pervertir el sentido de sus palabras.
Un Teseo entre palabras
Dividida en tres partes (“El brote”, “El estigma”, “El despertar”) y una esperanzadora posdata (“La salida”), la obra puede seguirse como un vertiginoso trayecto de las tinieblas a la luz, un viaje apasionadamente desgarrador y conmovedor a las trampas que nos tiende la mente en el que, sin embargo, el hilo de Ariadna nunca acaba de distenderse. Como buen amante de la literatura, Ruiz doma el caudaloso, verborreico, alucinado y nervioso desahogo biográfico de sus entrevistados —ejerciendo, de algún modo, de un Teseo en funciones de intérprete o de traductor al abrirnos camino por un laberinto de confesiones— encauzándolo hasta ensamblar un conjunto de dolientes y bellas piezas narrativas que se leen como relatos a tumba abierta sobre lo extraordinario en lo cotidiano.
De alguna manera, la filigrana del autor puede interpretarse como una versión anclada exclusivamente en la realidad de los cacofónicos ejercicios lingüísticos de ese gran conocedor de la desestructuración psicológica llamado António Lobo Antunes. La filiación de la esquizofrenia y, más ampliamente, de los trastornos mentales en su globalidad con el mundo de las letras también queda reflejada en el constante apunte de citas a cargo de autores como Hermann Hesse, Antón Chéjov, Paul Auster, George Orwell o August Strindberg. Compartiendo el propósito de restar victimismo a los enfermos de cáncer presente en el ensayo La enfermedad y sus metáforas de Susan Sontag y la novelesca enajeanción controlada de personajes como Benjy de El ruido y la furia de William Faulkner, Ricard Ruiz hace un llamamiento al respecto a la dignidad de los afectados por la equizofrenia (y, por ende, de su círculo íntimo) desde el epicentro del problema, tendiendo un puente levadizo en forma de mecanismo de enganche de la ficción. Si el drama de todo escritor lo focalizaba Julien Green en el hecho de que «El pensamiento vuela y las palabras van a pie», aquí se acompasan en un impactante y sentido paseo por la superación personal y la integración social. |