Que la novela romántica esta de moda, llevamos viéndolo diáfano como un espejo de un tiempo a esta parte. Y es que, en un mundo cada vez más capitalista como el nuestro, el dinero (o las ventas) son las que mandan, y no olvidemos que más del 4% por ciento de ventas corresponden a este género.
Nos vemos nuevamente informando sobre otro reportaje que versa sobre la novela romántica en un periódico de tirada nacional como es El País, y, si bien el dicho reza «que se hable aunque sea mal», nos gustaría encontrar reportajes algo más objetivos y, sobre todo, con información más contrastada. ¿Por qué digo esto, os preguntaréis? Ver en las primeras líneas del artículo «Plaza & Janés ha recuperado Arlequín; Esencia, del grupo Planeta, ya dispone de una edición de bolsillo; Manderley, del grupo Santillana, despuntar con novedades interesantes; Urano cuenta con Titania, Mondadori con Cisne...», hace que me pregunte si se han tomado la molestia de informarse más que superficialmente, ya que Plaza & Janés ni ha tenido, ni tiene, un sello llamado Arlequín. Harlequín es, por derecho propio, una de las primeras editoriales dedicadas al género en pequeño formato. Algo que ya encontramos impreso en un artículo anterior.
Quizás sea el uso continuado de fuentes similares lo que hace que encontremos, artículo tras artículo, los mismos datos (cosa lógica en cuestión de ventas), los mismos dictámenes y, por lo que se ve, los mismos «errores». Una imagen algo sesgada de lo que somos las lectoras de romántica en general. Porque lamento decir que no nos sentimos en modo alguno identificadas con casi ninguna de las opiniones allí vertidas.
Desde siempre a las lectoras de novela romántica se nos ha aplicado un cliché que, francamente, hoy por hoy está muy demode. Las lectoras de romántica buscamos un final feliz, sí, ¿y qué? ¿Eso nos convierte en tiernas damiselas desvalidas y ñoñas?
Si los periodistas que hacen reportajes sobre este género se molestaran en preguntar a las verdaderas interesadas, o sea, a las lectoras, se darían cuenta de que la mitad de las cosas que escriben sobre el tema no tienen ni pies ni cabeza y, sobre todo, que a nadie se le puede etiquetar por lo que lee.
En éste que nos ocupa, han optado por perfilar lo que es la novela romántica actual , después de un somero repaso a lo más destacado del género, acudiendo a sus raíces; es decir un repaso algo demagógico y pedante. Lo cual no es necesariamente malo, sino que (a nuestro parecer) deja un regusto paternalista, pretendiendo aleccionarnos sobre los orígenes, la evolución y las ramificaciones del género, que no creemos sea necesario. ¿O acaso intentan justificar el género negro, o cualquiera de los géneros que, mes a mes invaden las librerías? A lo mejor es que necesitan hacerlo para excusar y justificar el escribir sobre lo que, a priori, ven como «un género menor».
Un vistazo a los enunciados que acompañan el reportaje nos ofrece una clara muestra de la opinión del género y de sus lectoras, aperitivo de las opiniones que luego podremos leer en mayor profundidad en ellos, «Enganchadas a un final feliz» o «El delicioso placer de llorar» son claro ejemplo de ello.
En su favor, decir que se han tomado la molestia de indagar qué webs existen sobre éste género, y que están casi todas incluidas (cosa que no ha pasado con anteriores reportajes). Echo en falta, quizás, un examen mas exhaustivo y correcto de las mismas, alabar por alabar nunca ha sido una máxima con la que comulguemos. Aclarar, aprovechando estas líneas, que Autoras en la Sombra no ayuda en la publicación de ninguna editorial, únicamente facilitamos las direcciones de las editoriales que buscan autoras nuevas para su publicación.
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